Café negro, café frío

¿Almendra, coco, deslactosada?

Café negro, café frío

Veo claramente las luces de tu calle tres cuadras antes de llegar. Ya he memorizado como la palma de mi mano la manera en que titilan con su muy tenue color naranja, parecida a una luna liberiana. Siempre me imaginé estar abrazándote bajo aquella insuficiente luz, con la brisa de enero enredando tu cabello entre mis dedos, los cuales recorren cada centímetro de tu apagado rostro. Nunca quise dejar de ver esos tristes y profundos ojos marrones desparramados sobre el firmamento mientras esperábamos que la vida nos llegara. Tal vez ya nos había llegado, yo qué sé. Tal vez ya ha llegado para vos.

— “Podría escuchar esta canción para siempre”, le dije como si fuera la primera vez que alguien pronunciara semejante cosa.

— “Entonces, ¿por qué no lo hacés?”, me respondió.

Me arrepiento de muchísimas cosas que hice. Probablemente ya ella lo sepa, pero lo que hice, aunque no tiene excusa, fue en un intento por inclinar la balanza. Siempre pensé que algo iba a suceder en medio de esa maraña de desasosiego, impulsividad y una total falta de control. Aún no logro hacerme entender por qué actuaba así con ella; tal vez cuando les explique mis acciones, ustedes no crean que sean graves ni extremas, pero yo simplemente no me comporto así. Yo no soy así. Creo. Tal vez no les explique nada, porque yo tampoco entiendo.

Uno de esos días de octubre, después de que las lluvias sacaran toda la basura acumulada de las alcantarillas y comenzara a alzarse en forma de vapor de vuelta a su ciclo, recorrimos juntos las quebradas aceras capitalinas. Yo he tenido un gran respeto por la capital desde la primera vez que recorrí esa ciudad completamente solo cuando era un adolescente. Probablemente revele demasiado de mí al decir que le sentía más vida a la ciudad a mis 16 años, cuando era más joven pero no menos estúpido. Mi impresionable tarro continúa reproduciendo las mismas gesticulaciones cuando algo me sorprende. No soy capaz de esconder mi ignorancia, aunque creo que, al menos hasta cierto punto, esa incapacidad ha jugado inadvertidamente a mi favor. Es un poco tierno, o al menos es lo que me han dicho. No sé si eufemísticamente o no. Pero desvarío, como siempre. Recuerdo un bulevar más colorido, más concurrido, menos tenso y con más pompa y circunstancia. Las ciudades acá son extremadamente frustrantes, por razones muy obvias y otras muy específicas para mí. En fin.

Aquel día sería un interesante cliché, besándonos bajo la lluvia, mientras yo intentaba mantener mi resquebrajado paraguas encima de nuestras cabezas, ni sé con cuál objetivo en aquel momento. Mientras sentía que mi cabello perdía su forma bajo las primeras lluvias del año, no podía dejar de pensar en lo imposible de que ese momento estuviera sucediendo. A ella no le parecía importar mucho el hecho de que ya estuviéramos empapándonos, así que a mí no debería estar molestándome, supuse. Para ese punto, un par de cuadernos en blanco que guardaba en mi salveque y la bolsa de gomitas en forma de serpientes que habíamos comprado momentos antes ya deben estar sumergidos, arruinados. Espero que mi teléfono no se llene de agua.

Siempre me sentí como un animal lastimado buscando atención cuando estaba con vos. Era como si estuviese compitiendo por tu atención contra cualquier manifestación de energía en el universo, aunque estuviéramos solos los dos. Que ella me diera atención era como atravesar un desierto y encontrar un oasis cada tres mil kilómetros, en lo refrescante y en lo poco frecuente. Cuando todo terminó, sentí como si estuvieran desconectando el remedo de corazón que me quedaba con vida. Ni siquiera era el hecho de que me faltara tu atención: me faltaba la falta de tu atención. Me tenías en tus manos y no lo sabías. Aún me tenés en tus manos.

Al final de todo, nunca logré entender lo que ella quiso de mí. Probablemente no quería absolutamente nada, lo cual haría todo aún más incomprensible. ¿Por qué fue ella hasta aquel pueblo en busca de un postre que yo pudiera comer cuando hacía esa infame dieta (cuyo nombre me reservo)? ¿Por qué era tan condescendiente conmigo cuando yo hablaba de algo que a ella no le importaba? ¿Por qué quería pasar tanto tiempo conmigo? ¿Por qué yo la frustraba al punto de no querer hablarme para no gritarme? ¿Por qué todo cambió de un día para otro?

Con el tiempo, el llegar a tu casa me ha comenzado a parecer gracioso. Me encantaba. Ese lugar emanaba un aura que yo no he sentido en ningún otro lugar. No sé por qué esa paz me sabía distinta; no logro entender por qué esa calma me resultaba tan atrayente. Probablemente tenga que ver con una afinidad hacia los espacios abiertos e inexplorados. La sola idea de recorrer y recorrer juntos aquel bosque entre manzanos, cortezas amarillas y robles de sabana era suficiente para que la ansiedad se apoderara de mí. Nunca me sentí ansioso con vos. Triste, tristísimo, abandonado a la suerte, frágil, vencido y derrotado, sí. Pero jamás ansioso. Sólo lo recorrimos una vez. Te desmayaste.

Yo pensaba que ella era la indicada. Famous last words. Yo tenía muchísimas cosas planeadas en mi cabeza con ella, pero no logramos hacer ni un quinto de lo que quería. Entre tanta congestión emocional, tomé demasiados riesgos en romances lejos de ser perfectos, pero de los cuales me había convencido de que eran lo mejor a lo que yo podría aspirar. Eso sigue estando latente. No tengo rencores sobre cómo terminó todo, aunque tal vez los debería tener. Resiento a Rándall Poveda por la roja a Villalobos Chan en el partido de vuelta de la final del Verano 2013, pero no a quienes me han roto por dentro.

Me moría por verte; ojalá todos los días. En un par de veces así fue, y me encantó. A vos te cansó. Te recuerdo cansada en el bus, mirando al suelo, callada… En ocasiones podía hablarte aunque estuvieras exhausta, pero la mayoría del tiempo nos sentábamos en asientos separados, porque el bus ya iba lleno. No quería tener que gritarte para que me escucharas, y entonces te veía caer dormida lentamente en medio del olor a sudor de la doble fila de personas en medio.

Yo nunca conocí su casa. Sencillamente, no sé dónde vive. Era un gran tema hablar sobre lo que ahí sucedía, y ella nunca quiso aflojar en ese tema. Era completamente inflexible. Yo lo llegué a aceptar como algo gracioso, pues pensé que era inevitable conocer algún día el lugar en donde ella vive. Aún más gracioso, supongo ahora, es recordar eso en este momento. Era como si ella se hubiera esforzado sobremanera en construir una metáfora muy específica pero muy transparente, y aún así fallé miserablemente en comprenderla.

Quisiera poder recordar en dónde habré dejado aquella hoja verde oliva, la cual arrancamos fresca de uno de tus cuadernos, en donde escribimos a mano alzada el viaje perfecto a nuestro país favorito. Esa memoria es de tan fácil acceso en mi cerebro, que me pregunto qué habré reprimido de mi memoria para hacerle espacio a tantos detalles, a la alegría que vi en tu rostro, la manera en que te brillaban esos ojos regularmente tristes, a cómo enseñabas tus dientes con esa enorme sonrisa, tan contagiosa… Tal vez estaré reprimiendo demasiado para tener la capacidad de recordarte en medio de ataques de pánico, en medio de desganos, frustraciones, rechazos y lesiones. Me acuerdo hasta de las curitas que te compraste por haber caminado tantísimo en aquellos zapatos nuevos, y recuerdo que te burlaste de los míos porque dije que eran anti fatiga, a pesar de que literalmente eso decían en la plantilla. 

Ambas terminaron detrás de una pantalla.

Algún día voy a levantar la mirada de mi teléfono, actualizando cada aplicación como si no hubiera mañana para llegar a esa notificación que advierta que, efectivamente, no habrá más mañanas. Lástima, no voy a poder aprovechar el 2x1 los martes en pizzas de un solo ingrediente… Voy a dejar de obsesionar sobre lo que no es y por lo que no pasó, pero por ahora, sigo esperando ese mensaje. A veces imagino que lo sentiré como un SOS; en otras, como un mensaje de Importadora Monge. A veces lo presiento durante todo el día, y lo presiento de manera visceral. Y cuando miro el teléfono, no es más que otro crédito pre aprobado. Al menos alguien está pensando en mí.