Entre la espada y la espada
Yo sólo quiero irme a dormir.
Estaba a punto de empezar este post diciendo que iba a ser algo rápido, pero no los voy a engañar. Podría engañarlos, decirles que lo que escribí es algo corto y hacerles creer que un post de un mae equis que se dura más de 7 minutos o lo que sea leyendo es algo corto. Acá podría ponerme creativo (sobre todo) y empezar a hacer observaciones hirientes sobre la manera en la cual escribo. Irrelevante. Mi mente quiere que vaya al grano, pero detesto ir al grano. ¿Cuál es la gracia?
Este domingo nos toca de nuevo ir a votar. No tengo que decirles que “democracia” no es ir a votar. ¿Es importante? Claro, pero la expresión democrática va más allá de decir que fuimos a votar y que nuestro trabajo se acabó. No voy a ahondar en esto, porque es completamente vacuo hablar al respecto en este momento. Hay cosas que precisan, pero quiero poner en perspectiva este texto pues hay mucho que lamentablemente quedará fuera de mi presente opinión. Mi culpa por no escribir más.
No quiero poner excusas a lo que pienso, porque creo que todo lo que habría alrededor de esta opinión serían agentes de distracción. Sí planeo aclarar varias cosas a lo largo del camino, pero acá están los enunciados principales:
Es vital que Laura Fernández y el PPSO no ganen las elecciones presidenciales ni legislativas.
Es aún más importante que el PPSO no obtenga mayoría calificada en la Asamblea Legislativa.
En este momento, “cualquiera menos Laura” es la posición que nos resta por falta de cohesión en la oposición.
Hay candidatos igual de nefastos que Laura Fernández y que el PPSO en estas elecciones.
No deberíamos estar de nuevo votando por los que ya se han revelado como tibios e incapaces de romper con los grandes intereses económicos y políticos atrincherados de este país, como lo son el PLN y el PAC.
La gran línea roja desde el principio de la campaña para cualquier votante interesado en progresismo y derechos humanos (y de ahí hacia la izquierda) fue y es rechazar el TLC con Israel, y esa sigue siendo la vara más baja a sortear para cualquier campaña, lo cual excluye al PLP y al PUSC.
Independientemente de por quién voten para presidente, deberíamos concentrar el voto para la Asamblea Legislativa en el Frente Amplio para lograr la mayor cantidad de diputados y no diluir el voto.
El Frente Amplio representa ya en sí mismo una posición de izquierda moderada; es decir, un compromise ideológico entre todas las corrientes progresistas.
Ahora, a los golpes.
Es vital que Laura Fernández y el PPSO no ganen las elecciones presidenciales ni legislativas. No hay ninguna duda. No tengo que explicar mucho en este estadio, pero la amenaza del movimiento pro-Chaves no es que no vayan a haber elecciones nunca más. La amenaza es a los restos funcionales de toda una infraestructura de un Estado debilitado sistemáticamente por décadas. Un Estado cuyo deterioro ha sido planificado y ejecutado con toda la intención de hacerlo caer mediante su inoperancia y su falta de resultados para la ciudadanía, mientras se construyó una Costa Rica paralela, alcanzable solo para unos cuantos de cierto tipo de apellido o de cierto tamaño de billetera. No podemos cerrar los ojos a esta realidad porque caeríamos en el campismo tan contraproducente que se escucha siempre, principalmente en tiempos de campaña política. Sin embargo, y sobre todas las cosas, debemos derrotar al “chavismo” y su planeado golpe de gracia al Estado Social de Derecho y a la esperanza de un Estado moderno de bienestar.
Es aún más importante que el PPSO no obtenga mayoría calificada en la Asamblea Legislativa, de lo contrario estaríamos arriesgando todo el sistema de pesos y contrapesos y de rendición de cuentas en primera instancia, y todas nuestras garantías individuales y colectivas en una segunda instancia. Por más nefasto y destructivo que una presidencia de Laura Fernández y de su jaguarera sería para el país, una oposición robusta en la Asamblea Legislativa lograría al menos funcionar como un contrapeso a los excesos más indeseables del “chavismo”, y mantendríamos la esperanza de construir una oposición aún más grande que pueda retomar los escombros que deje el PPSO y sus demás encarnaciones. Sería sin duda un escenario de circunstancias completamente extenuantes, de mucho desgaste social para el país, pero sin duda debemos ser humildes y reconocer que en este momento es una probabilidad muy alta que Laura Fernández sea nuestra siguiente presidenta.
En este momento, “cualquiera menos Laura” es la posición que nos resta por falta de cohesión en la oposición. Con esto no quiero decir que se debió presentar un candidato único de oposición ni nada por el estilo. La oposición en Costa Rica es heterogénea, y le restaría credibilidad a muchas agrupaciones políticas aliarse con personajes políticos abiertamente pro-Trump y pro-Chaves. Sin embargo, el apoyo a Laura Fernández es tan alto que se requiere que los ciudadanos salgan a votar y superen los números de abstencionismo de las elecciones anteriores. Cualquier voto válido que no vaya para el oficialismo es positivo, especialmente si viene de ese grupo de abstencionistas, pues eso agrandaría el universo de votos y reduciría el potencial porcentaje que Laura Fernández pudiera obtener, dificultándole llegar al 40% que le haría ganar en primera ronda.
Hay candidatos igual de nefastos que Laura Fernández y que el PPSO en estas elecciones. No podemos obviar que en estas elecciones hay varios candidatos que andan jugando la doble carta de “oposición” y posiciones pro-Chaves o que ideológicamente están alineados con Rodrigo Chaves. En este apartado, debemos incluir en primera instancia a Fabricio Alvarado y a Natalia Díaz, cuyos accionares han demostrado que están dispuestos a todo a cambio de cualquier cuota de poder. Fabricio, además, con denuncias de acoso y abuso sexual. Por otro lado, tenemos a Eli Feinzaig y a José Aguilar Berrocal. Estos tipos tienen una sola misión en la vida: lograr privatizar todos los servicios públicos del país y librarse de las “cadenas” que representan la educación pública y gratuita, y la seguridad social universal. Que no los engañen: estas personas son enemigos.
No deberíamos estar de nuevo votando por los que ya se han revelado como tibios e incapaces de romper con los grandes intereses económicos y políticos atrincherados de este país, como lo son el PLN y el PAC. Como en todos los puntos anteriores, no voy a ahondar en demasía, pero creo pertinente señalar que gran parte de los problemas que tenemos como país es que hemos estado viviendo de la renta de, principalmente, cuatro políticas trascendentales que mayoritariamente se gestaron entre los años cuarenta y los cincuenta: la CCSS, la educación pública, el ICE y la abolición del ejército. Sin embargo, desde los PAES en los ochenta y noventa, esos réditos han ido disminuyendo, pues todos esos “ajustes estatales” han provocado una alarmante falta de inversión social y de infraestructura, y el Estado ha desaparecido de las comunidades más vulnerables, mientras la clase política y los grandes intereses económicos siguieron dándose un festín. Acá claramente el PLN le falló a los costarricenses por no cambiar y nunca pedir perdón. Cuando todos quisimos el rompimiento con el PAC, este se acomodó a esos intereses económicos, mantuvo y estrechó puentes con políticos del pasado, y recurrió a la misma represión de la cual se le acusó al bipartidismo. En la administración de Carlos Alvarado, el PAC gastó todo su capital político en la aprobación de la Ley Marco de Empleo Público y la infame regla fiscal, las cuales han sido un completo desastre. El PAC no innovó, no rompió, y más bien se convirtió en un partido que nunca se fijó en sus propios errores y fue recalcitrante con sus detractores hacia su izquierda.
La gran línea roja desde el principio de la campaña para cualquier votante interesado en progresismo y derechos humanos (y de ahí hacia la izquierda) fue y es rechazar el TLC con Israel, y esa sigue siendo la vara más baja por sortear para cualquier campaña, lo cual excluye al PLP y al PUSC. Israel está cometiendo un genocidio en contra de los palestinos de la Franja de Gaza, está cometiendo limpieza étnica en contra de los palestinos de Cisjordania y es un Estado apartheid. No creer en esto es equivalente a negar el genocidio armenio, negar el Holocausto judío, negar el cambio climático o ser antivacunas. Juan Carlos Hidalgo quiere hacer negocios con este Estado. Eli Feinzaig abiertamente apoya al Estado de Israel. Costa Rica sólo tiene una herramienta para defender su soberanía y se llama el derecho internacional. Esto es un simple y llano hecho. Si vamos a alegremente firmar un acuerdo comercial con genocidas, estamos negando el principio mismo de la existencia de este país, y de la noción de que el mundo puede funcionar de una manera distinta.
Independientemente de por quién voten para presidente, deberíamos concentrar el voto para la Asamblea Legislativa en el Frente Amplio para lograr la mayor cantidad de diputados y no diluir el voto. El voto progresista no puede seguir siendo alquilado a partidos políticos acomodadizos, que constantemente han estado vendiendo ese mismo voto en pos de intereses de transnacionales, de estructuras político-económicas que privilegian a los que más tienen, y al socavamiento del Estado Social de Derecho a cambio de réditos políticos a corto plazo. Necesitamos dar nuestro apoyo a un partido político que sea consistente, que logre renovar e incluir a cada vez más personas al proceso democrático y a las tomas de decisiones. Ahora más que nunca, necesitamos una oposición que no tenga cola pero que tenga músculo y experiencia política para enfrentarse a un vendaval de corrupción, de mentiras, de tergiversación y de manipulación al cual os vamos a enfrentar. No tengo dudas en que una fracción del Frente Amplio liderada por José María Villalta puede imponerse ante tal escenario.
El Frente Amplio representa ya en sí mismo una posición de izquierda moderada; es decir, un compromise ideológico entre todas las corrientes progresistas y socialistas, y con esto no quiero ser polémico ni edgy. Simplemente me parece que es una observación oportuna y neutra; no creo que la moderación en general sea una virtud como en muchos casos se nos quiere vender. El FA no es un partido comunista; simplemente no lo es. En lo personal, desearía que el Frente Amplio fuera un partido con mayor ambición para las transformaciones que busca, pero entiendo que es parte de una estrategia política dentro de un país donde se prefiere matar a la libertad de expresión y de prensa antes que votar por un “comunista”. Sin embargo, de los partidos de izquierda de las últimas décadas, es el mejor organizado y el más sensible a malearse políticamente sin perder su esencia progresista. Además, su control político ha sido de alta calidad, reconocido incluso por opositores ideológicos. El partido no es perfecto, ni está cerca de serlo, pero ha sido de los pocos que, elecciones tras elecciones, han aprendido algunas lecciones y han construido sobre esa base. Necesita arraigarse más a la clase trabajadora, tener un enfoque mucho más materialista y reforzar sus bases ideológicas y de políticas públicas para afrontar los próximos cuatro años y salir de esta etapa reforzado.
No pretendo hacer una predicción, ni jugar de sabio, pero creo que es obvio que el oficialismo es favorito. Yo soy un pesimista empedernido, pero visualizar la presidencia de Laura Fernández deja de ser un ejercicio en sadismo y es ahora una reflexión que todas las personas progresistas debemos hacer, no para rasgarnos las vestiduras, sino para tener una mejor perspectiva sobre la realidad de nuestros conciudadanos. No podemos perder el norte y pensar en ficciones de errores en las encuestas, mayorías silenciosas, ni nada por el estilo. Es momento de tener una claridad moral y política total, comprender quiénes de otras fuerzas políticas son personas genuinas que quieren aportar, a quiénes debemos dejar definitivamente por fuera, cuáles ideas han hecho más daño y cómo podemos innovar en un espacio político limitado pero trascendental en el país.
Finalmente, y para las implicaciones que una victoria contundente de los jaguarosos tendrá en nuestras vidas, me inclino por no recurrir al individualismo ni al cinismo. Eso es lo que ellos quieren de nosotros. Debemos reforzar nuestros espacios, nuestras amistades y nuestras comunidades, por más heterodoxas que sean. Buscar la fortaleza en esos espacios nos dará esperanza de que las cosas pueden mejorar, incluso si todo se ve mal, y así estos espacios se pueden transformar en verdaderos refugios para las personas más marginadas de nuestra sociedad. Maximizar la empatía, especialmente para con aquellos que son ostensiblemente nuestros aliados, y protegernos entre todos para apoyarnos mutuamente, teniendo una sana cercanía con la realidad y con lo que se viene. Todos tenemos una vida por vivir y problemas cotidianos más allá de las decisiones que tomarán nuestros próximos gobernantes, y por eso mismo es urgente saber de qué lado estamos y en quiénes podemos confiar. No sé, no se me da esto del optimismo, pero no quiero cerrar este texto en una nota triste. Algún día ganaremos.