Mini poemario
5 poemas que demuestran por qué no escribo poesía
Quisiera compartirles estos 5 viejos poemas que, entre tantos malos que he escrito a lo largo de los años, son de los más presentables de mi colección. El más reciente es “Para S.”, el cual tiene al menos dos años.
Les comparto esto pues no he compartido nada desde hace ya un tiempo, entonces se (¿me?) los debo.
Que disfruten… ¿supongo? Bueno, ustedes verán.
…
Doble filo
En mi país, no hay olvido.
En mi país, no hay perdón.
Cuando entré en tu país, vencido,
Me acogiste, mostrándome tu don.
En mi país, sólo hay tristeza.
En mi país, solo hay rencor.
Cuando entré en tu país, con gentileza,
Descubrí, en tu rostro, una flor.
Cuando en mi país estalló la guerra,
Cuando en mi país se creó la rebelión,
Tu país, en una victoria férrea,
Disipó el conflicto con una canción.
Finalmente en mi país hice jubilosa entrada,
Finalmente en mi país canté una canción;
Pero vos, y tu país, con la silenciosa espada,
Deshiciste mi país por el corazón.
Brès
Y cuando entre llantos consiga tu mirada,
Y entre quejidos escuche tu voz,
Y cuando el mar limpie la playa minada,
Haré que en tu mente entre la imagen de los dos.
¿Recordás aquella vez en la playa,
Cuando me dijiste sobre la arena,
Que la nostalgia estaba sobrevalorada,
Y que el pasado ya no valía la pena?
Pues ahora te espero,
Ojos cerrados y mente truncada,
Sintiendo que cada minuto que bebo,
Me apuñala el doble, triple… no siento nada.
Vos me dijiste, sin titubear,
Que estarías allí para siempre.
Yo te dije, intentando no llorar,
Que no lo dijeras, pues la gente miente.
Así que cuando te imagine de nuevo,
Escuchando tus murmullos sobre la arena,
Los dos viendo el estrellado cielo,
Aceptaré tal ironía que me condena.
Sin título I
Este oscuro laberinto,
Recorrido por mi mente,
Tiene un camino distinto
Al que, parece, tengo en frente.
Percibo este mundo por ondas,
Como olas que empapan mis piernas;
Pero después de duras horas,
Fracaso en mi intento de entenderlas.
Así es como me pierdo por este sendero,
Por donde, en principio, no es un martirio,
Pero al intentar hacerlo llevadero,
Reprimo mi espíritu y sus gritos de auxilio.
Pues, amigo, en este camino
Profundamente frío y silencioso,
Dejo registradas, gracias a un papiro,
Las voces clamando por el fin de este paso.
Sin título II
Veo en tu sonrisa muda
El desahogo de mi alma,
La que siempre tiene duda
Cuando el amor rompe su calma.
Veo en tus faldas verdes
El fuego que mis ojos perdieron,
Y, al moverse de lado a lado, encienden
Las sonrisas que mis mejillas persiguieron.
Veo en tu silencio profundo
El azul, el rojo y el blanco.
Azul, tu silueta; blanco como tu mundo;
Rojo como el suspiro que sale por tus flancos.
Mientras te veo, mientras te saboreo,
No puedo evitar ese cosquilleo;
Pensar en que tal realidad
No es más que parte de mi frivolidad.
Encerrado en mi mente siento estar,
Y tu sonrisa, tus faldas y tu silencio quiero cuidar,
Robar, proteger, guardar y encadenar
En el pobre delirio de mi mente sin saciar.
Para S.
Si subiendo a ese bosque
Me quedo callado,
No pensés en ningún reproche
Que podás sentir a mi lado.
Caminá, entonces, hacia el frente,
Sin rencor ni remordimiento ingrato,
Y ojalá logrés ver mi corazón que pende
De un mechón de tu cabello castaño.
Volteate, muchacha, que tengo un pendiente;
Una deuda con mi espíritu desganado,
Aunque mis labios sellados no quieren que enfrente
Mi verdad, tu verdad, ni ningún otro fracaso.
Así que flotá, viajá, en tu pequeña nube,
Y seguí sin ver al costado,
Pues desde acá, tu estela que huye,
Ahoga en silencio mi cuerpo derrotado.
Si bajando de ese bosque
No me quedo callado,
Imaginá tal derroche
De cariño que siento a tu lado.