Onašaga

Entre mareas

Onašaga

Pero me pongo mis tenis de básquetbol y me siento diferente. No muy cómodo, pero diferente. Comienzo a rezar, a suplicar que alguien note que he cambiado. Quiero que me halaguen, quiero poder recitar mi falsa modestia mientras la fatiga de fingir ralentiza mis reacciones y evapora mi máscara. Ya no más. Estos zapatos son lo que yo soy ahora. Véanlos. 

Cuando camino, quiero escuchar una batería a doble bombo y redoblante militar. Quiero un hi hat intenso, un bajo como un trueno, quiero un concierto de estruendos, ¡nunca menos! 

En mis nuevos tenis blancos, en mi nueva chaqueta de cuero, en mis nuevos anteojos de sol; así es como ahora me muevo. Quiero salir, quiero ver gente y ser visto. Tengo pavor de que me juzguen y quiero que nadie, nunca, jamás se me acerque. ¡Que nadie me diga nada, que yo ya lo sé todo! Pero, tal vez, si salgo a caminar, si me ven en mi nueva chaqueta de cuero, tal… tal vez así alguien me vea. Tal vez así Phoebe me vea.

No he dejado de correr, no he dejado de lanzarme enfrente de todos, no he dejado de desvelarme ni de madrugar, no he dejado de pensar… No debería, no es bueno para mí, incluso es desperdiciar mi tiempo, pero yo voy a estar ahí, tal vez con mis tenis blancos, tal vez así me podrás ver. Tal vez con los anteojos de sol nuevos, o con mi chaqueta de cuero, o con mi mal ajustada camisa azul… Es que tenés que verme, ¡no hay de otra! 

Y es que no puedo, me desbordo, me ahogo en mis propias ganas. La tormenta por la que navego solo la puedo ver yo. Tant d’espoir, à tort. Solo yo, soy yo quien puede hacer virar el timón, pero nadie se daría cuenta de esta ruta hasta que choquemos. No hay faros, no hay boyas, solo el sobrio recuerdo en forma de naufragios. Tal vez la casa de máquinas de este buque estalle antes de que nosotros encallemos. Ojalá que no, mucho menos en medio de este canal. Ni en el estrecho. Ni en alta mar. Quiero regresar al puerto, poder olvidarme de esto en el mar, no en el mar.

¿Soy tan torpe como para no poder entender esta vida? ¿Estoy tan alejado de encontrar un sentido, cualquier sentido, al día a día que no tengo más opción que estar decepcionado, que estar desmotivado? ¿Querés mantenerme sin inspiración permanentemente? Pues seguí así, que el trabajo está saliendo perfecto. Existencia anodina, que no me deja en paz a pesar de su monotonía, expresada en la vasta mar. Si pudiera tomar una fotografía, verías las montañas de piedra pura y nevadas bien sentadas sobre bosques de roble y ñire, con ese color verde azulado que tanto me gusta. Si bajara la cámara, solo sentiría la nostalgia de un accidente a punto de suceder. Un viaje largo sobre las olas del olvido.

Aún falta largo trecho, incluso el más sinuoso, diría yo. Acá no hay faros, no hay boyas… No hay faros, pero veo tus ojos. No hay boyas, pero veo tus lágrimas. No hay futuro, pero veo mi futuro. Tal vez aspire un día a verdaderamente vestir con esa chaqueta de cuero, a verdaderamente colocarme los anteojos de sol (no importa que no sean nuevos). Creo que incluso podría ponerme esas tenis de básquetbol, tal vez blancas… Puede que no use camisa azul; ya estoy cansado de ese color. Todo eso será mío, lo puedo respirar. Entre menos claro veo el camino, más cerca lo siento. Tal vez no haya siquiera un solo estruendo; no importa ya. De verdad, no importa. En serio, te lo digo a vos: no importa. No puedo sentirme de otra manera, entonces no importa. Casi se me olvidan tus ojos, y casi se me olvidan tus lágrimas, y ahora me sirven de mojones. Sería más sencillo navegar sin referencias. 

Si algún día llego a puerto, estaré decepcionado. Si algún día naufrago, será hermoso. No quiero naufragar y quiero estar arribando en este momento. Quiero volver a escuchar a los Justos, principalmente en mi cabeza, quienes me atormentan más que los vientos del oeste. Si algún día pudiera contártelo todo, lo haría. Prefiero, sin embargo, seguir navegando, atravesando hacia el Pacífico, o hacia el Atlántico, quién sabe. Me esperan aguas más cálidas; eso merece una personalidad diferente. Vale la pena no naufragar, vale la pena ver qué hay al final… pero los fiordos del fin del mundo son tan atrayentes, muy atrayentes, aunque siempre me rompen el corazón. Siempre que los veo, al menos. Pero está bien. Va a estar bien.